Iber Cultura Viva

IberCultura Viva es un programa intergubernamental de cooperación técnica y financiera dirigido al fortalecimiento de las culturas de base comunitaria de los países iberoamericanos. Uno de sus principales objetivos es promover la creación de redes, alianzas e intercambios para la acción conjunta entre los diversos actores sociales y gubernamentales, propiciando el desarrollo de una cultura cooperativa, solidaria y transformadora. Una cultura viva, comunitaria y sin fronteras.

  • El concepto “cultura viva” surge con la experiencia brasileña de los Puntos de Cultura, pero existe en la práctica desde hace décadas en miles de comunidades de los países iberoamericanos. Cultura viva comunitaria es, por lo tanto, una expresión creada para dar nombre, sentido y visibilidad a dinámicas culturales que vienen surgiendo en la región. ¿Por qué viva? Porque es pulsante, mutante, diversa. ¿Por qué comunitaria? Porque es donde nace, donde se organiza. Y porque la idea es beneficiar prioritariamente a los pueblos, grupos y comunidades en situación de vulnerabilidad social y con reducido acceso a los medios de producción, registro, disfrute y difusión cultural.

Con ese modelo de política pública, en vez de imponer acciones y conductas, el Estado reconoce la importancia de la cultura producida en cada localidad. En vez de imponer una programación cultural, reconoce y potencia las iniciativas culturales de la comunidad en el lugar donde ocurren, conforme sus necesidades y planes de trabajo. Autonomía y protagonismo social son palabras clave de ese proceso contínuo que inspira cada vez más países (y ciudades) en Iberoamérica.

 

Desde abajo hacia arriba

El programa Cultura Viva, creado en Brasil en 2004 y transformado en política de Estado en 2014, con la sanción de la Ley 13.018/2014,  ha establecido nuevos parámetros de gestión y democracia, aplicando radicalmente conceptos como “Estado-red” (Manuel Castells) y “Estado ampliado” (Antonio Gramsci). Teniendo como base de apoyo los Puntos de Cultura – o sea, las entidades o colectivos culturales certificados por el Ministerio de Cultura –, el programa invirtió el orden, apostando por un proceso desde abajo hacia arriba, dando fuerza y reconocimiento institucional a organizaciones de la sociedad civil que ya desarrollaban actividades culturales en sus comunidades.

Se estima en 120 mil el número de organizaciones culturales comunitarias que actúan en Latinoamérica – número que es aún mayor si sumamos las iniciativas de la Península Ibérica. Entiéndense por organizaciones culturales comunitarias las que desarrollan una acción cultural, educacional y/o de comunicación popular vinculada a un determinado territorio, permanentemente y no directamente vinculadas al ámbito estatal o al mercado de bienes, productos y servicios culturales.

Son “cultura viva” iniciativas desarrolladas en/por centros culturales, radio o televisión comunitaria, diarios barriales, grupos de teatro, danza, circo, artes visuales, grupos que trabajan con cine, literatura, rescate de identidad, saberes tradicionales, alternativas económicas solidarias y colaborativas… Son muchas las posibilidades de actuación en las comunidades, teniendo en vista el estímulo a la creatividad y el respeto a la dinámica local. Y es así, relacionando cultura y territorio, cultura e identidad, que se va construyendo una nueva historia de políticas públicas en el contexto iberoamericano.

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